Sin industria no hay futuro

Publicado en eldiarionorte.es 

Asistíamos hace pocas semanas a un espectáculo, en la campaña de las elecciones generales, dónde comentaristas varios, líderes de los partidos gobernantes en Bruselas, Madrid o Gasteiz nos intentaban convencer del final de la crisis y de la supuesta recuperación económica. Si esto ya es una broma para cualquier persona que vive o aspira a vivir de su salario, lo es más si estamos hablando de la Margen Izquierda y de Sestao.

Una comarca, que no se ha recuperado aún de la “reconversión” industrial. Una comarca, que soporta los mayores índices de paro y menor renta per cápita de la arcadia feliz sabiniana. Una comarca, que ha asistido a una desindustrialización masiva en estos últimos 30 años y que transita hacía una tercerización de su economía y con una apuesta más que gráfica por los grandes centros comerciales con sus trabajos precarios, temporales, con salarios de miseria, la explotación y depauperación total de las condiciones de trabajo. En definitiva, un ejemplo de desarrollo económico y de relaciones laborales nada recomendable para una sociedad como la nuestra, que aspira al bienestar social y a su desarrollo integral. Un modelo desarrollado sin descaro ni reparo por los gobernantes del PNV y del PSE, con un desprecio nada desdeñable para con el futuro de esta comarca.

Una comarca que ha comenzado 2016 con una de las peores noticias que cabía esperar; el cierre temporal indefinido de ACB. Algo que no deja de sorprender después de que la empresa anunciara el pasado año que contaba con una carga de trabajo de 350.000 toneladas. Más si cabe, cuando ocurre a la par que vence el plazo del compromiso de mantenimiento del empleo alcanzado cuando el Gobierno vasco y la BBK decidieron vender su 20% de acciones, que ahora valdrían su peso en oro, a la hora de defender la viabilidad y el futuro de la acería sestaoarra. Como sabemos, a esta planta se le ha sumado la propuesta de “cese de actividad” de la de Zumárraga lo cu14541684605625al supondría un importantísimo retroceso en nuestro desarrollo industrial como país.

Los mantras del cierre y la libre competencia

Hemos asistido con cierta perplejidad a declaraciones de los máximos dirigentes del PP, PSOE o PNV apelando a la competencia desleal del acero chino. Estos dirigentes son los mismos que están negociando en secreto (o apoyándolos) unos tratados como son el TTIP y el TISA con el objetivo de suprimir cualquier barrera legal o protección al libre comercio entre los EEUU y la UE. “Barreras”, que por supuesto EEUU sí que tiene y aplica apostando por la compra y uso de su materia prima y sus productos y acudiendo a la importación de esos productos en caso de necesidad.

Los mismos que quieren aplicar las reglamentaciones comerciales, medioambientales o laborales más bajas o menos proteccionistas de los derechos de cada uno de los dos mercados. ¿En serio se permiten hablar de competencia desleal?

Es obvio que China y su potencia económica e industrial es un desafío para Europa, y mucho más, para una realidad económica e industrial como la vasca. Es obvio que su aún menor política de protección medioambiental junto a sus menores salarios son un fuerte desafío. Es obvio que la política industrial china, con cada vez mayor influencia empresas capitalistas, está liderada por grandes consorcios públicos que permite vender los excedentes por debajo del precio de producción, y que permite destinar parte de los beneficios a reconversiones industriales encaminadas al mantenimiento de los puestos de trabajo y a su transformación en sectores útiles para el objetivo central de la política económica del gigante asiático, que ha virado de la exportación al consumo interno.

La crisis económica mundial ha reducido la demanda de acero y China ha acaparado en los últimos años hasta el 50% de la producción. La UE, que por cierto tiene su origen en 1951 con la creación de la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero), ha bajado su producción hasta llegar a unas cifras cercanas a 170 millones de toneladas anuales en 2014, un 25% menos que en 2007, y una pérdida de unos 40.000 empleos, según la propia Comisión Europea. Unos empleos que, por supuesto, no han sido redirigidos a otros sectores, como puede pasar con los de Sestao o Zumárraga. Otra muestra más de la ausencia de una política industrial de la UE y de sus países miembros, a excepción probablemente de Alemania.

Por otra parte, es curioso que ningún responsable institucional señale a Mittal como el primer y máximo responsable del cierre de las factorías o como uno de los mayores “culpables” del dumping internacional del acero (recodemos que posee plantas que fabrican el mismo producto que ACB en China) o de su política de evasión fiscal, con la instalación de sus sedes societarias en países como Luxemburgo o las Islas Caimán. Por no hablar de su propio entramado empresarial, donde el propio grupo es uno de los principales determinantes del precio de la materia prima (ya sea mineral o chatarra) o de los costos de distribución entre factorías propias o de la propia compraventa del producto realizada entre empresas del mismo grupo, como nos han explicado los comités de empresa de Arcelor Mittal.

Desmontando con soluciones los argumentos de las multinacionales

La urgencia nos exige afrontar una realidad incuestionable y una contradicción fundamental: las multinacionales van ganando la batalla. Son grandes maquinarias de dominación mundial, más poderosas que la mayoría de los estados, y someten a trabajadores, países y al propio planeta a la maximización de sus tasas de beneficio.

Reconocido esto, creemos que es necesario, en este primer momento, desmontar los argumentos esgrimidos en las propuestas de cese de la actividad o cierre de las plantas.

El primer y más famoso de los argumentos, el dumping chino, ya hemos señalado que es la propia multinacional una de sus impulsores por lo que además de medidas proteccionistas, hay que exigirle a la empresa un poco menos de hipocresía. El segundo, el precio de la electricidad. Hay voces que comienzan a cuestionar que en el Estado español las tarifas eléctricas industriales sean más caras, por ejemplo, que en Alemania. No obstante, es urgente que el gobierno de España asuma que hay que rebajar el precio que se paga por la energía favoreciendo la actividad industrial. Decisión, que bajo ningún concepto podría conllevar el aumento de la tarifa eléctrica para la ciudadanía en general.

A corto plazo son necesarias medidas de apoyo a la actividad industrial, fondos de capitalización, ayudas a la innovación o a procesos productivos sostenible, y, sin duda, vinculados a compromisos de mantenimiento del empleo a largo plazo.

Por una política industrial pública

Aún y todo, es necesario que se establezca por parte de la UE una protección de su industria y que se promueva un cambio en las relaciones comerciales internacionales apostando por la internacionalización de los procesos productivos y la transferencia tecnológica de los países más desarrollados hacia los países en desarrollo. Además de una estandarización de los derechos laborales, sociales y medioambientales para unas relaciones comerciales más justas y de interdependencia basadas en la complementariedad de las economías y no en la competencia desmesurada. Estamos hablando, además, de la fuente de todos los problemas, un modelo económico agotado, insostenible y antisocial. Un modelo caduco que necesita una enmienda a la totalidad y una apuesta decidida por uno nuevo, en el que la economía se ponga al servicio de las personas, con una planificación de las necesidades de desarrollo social, y ajustada a los límites del planeta.

La solución a escala europea pasa claramente por la reindustrialización, basada en la industria innovadora, sostenible y tecnológica, estableciendo planes de transición hacia ella, abordando los problemas actuales como son el caso de Sestao y Zumárraga y trazando el futuro del resto del sector siderúrgico vasco. Una apuesta que necesitará de grandes consorcios públicos europeos en sectores estratégicos como es el del acero.

Ámbitos, en los que el conjunto del Estado, pero también Euskadi, tienen muchas tareas pendientes y en las que convendría situarse de una forma más ventajosa, por ejemplo, con una apuesta decidida por la I+D+i igualando la inversión, al menos, a la media europea.

Cuestión de voluntad…

Resulta relativamente sencillo desmontar las falacias de las multinacionales para justificar sus decisiones empresariales e incluso aventurarse a describir un futuro nuevo modelo productivo. Pero el resultado es una acumulación de argumentos rebatidos y un sinfín de propuestas que necesitan de respaldo social e institucional para llevarse a cabo.

¿Y ahora qué? Ahora toca movilización para el mantenimiento del empleo en las factorías amenazadas, pero ahora también toca una lucha decidida por constituir la máxima unidad social en torno el desarrollo de una propuesta de futuro para nuestra economía, que pasa por enfrentarse a las multinacionales, impedir la firma del TTIP y luchar por una UE, dónde el sector público sea el motor de la economía, y la industria, uno de los ejes fundamentales de desarrollo. Casi nada. Aunque, como todo, es cuestión de voluntad y… de correlación de fuerzas.

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